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Viernes 29 de Mayo de 2015

 

El consejero de Políticas Públicas de Libertad y Desarrollo y director de Berg Consultores dio cuenta de la evolución que ha tenido el proyecto de reforma laboral en la Cámara de Diputados y los riesgos que ésta conlleva.

 

–¿Cómo ve la evolución del proyecto de reforma laboral?

–El proyecto de reforma laboral va de mal en peor. Las indicaciones que introdujeron la echaron a perder más. Ahora bien, en cuanto al cambio de gabinete, Rodrigo Valdés dio una señal positiva dejando un par de temas afuera, como la negociación por rama y el IPC como piso mínimo. También dio la impresión de que estaba dispuesto a escuchar a los empresarios, cosa que anteriormente no se hizo. Entonces, se generaron expectativas positivas con la llegada de nuevo ministro, pero lamentablemente parece que al poco andar alguien lo llamó a terreno y empezó a decir que la reforma se mantenía tal cual, lo que sería terriblemente dañino para el país.

 

–¿Qué rol tienen los empresarios ahora?

–La ex ministra del Trabajo, Javiera Blanco, decía que hubo diálogo con los empresarios y, a pesar de que dieron sus planteamientos, no los consideró. Ella sólo siguió las directrices del Partido Comunista y la CUT. El empresariado tiene claro que debe haber una reforma, pero estamos hablando de una reforma que sea pro empleo, pro trabajadores y pro crecimiento.

 

–¿Qué disposiciones de la OIT se están tomando en cuenta?

–La OIT no avala la reforma en los términos que hoy se están planteando. En ninguna parte dice que el único que puede negociar es el sindicato. La OIT tampoco dice que no se puede reemplazar con trabajadores internos. Entonces, tenemos un proyecto que se está haciendo a espaldas de la gente.

 

–¿De qué manera ve la tramitación en el Senado?

–De acuerdo a lo que se ha visto en el pasado, sin querer mirar en menos a la Cámara de Diputados, da la impresión que en la Cámara Baja se siguen órdenes de partido y las cosas se aprueban sin mayor análisis. Entonces, se espera que en el Senado haya una mirada más de país, más profunda, donde se esté dispuesto a discutir y sacar una reforma como corresponde.

 

–¿Qué es lo que pide la gente?

–Cuando a la gente se le pregunta en las encuestas si está de acuerdo, por ejemplo, con que solamente los sindicatos puedan negociar, la mayoría dice no. Y a pesar de eso, el Gobierno sigue con esa propuesta. La gente hoy día quiere más capacitación, mayores oportunidades de trabajo, mayores posibilidades de flexibilidad, empleos de mejor calidad, y nada de eso está en la reforma. Lo único que está planteado es que “usted se sindicaliza y su vida le va a cambiar”.

 

–¿Cuál es el rol que están teniendo los políticos?

–Los políticos están tratando de replicar lo que es su estilo de vida. Ellos ingresan desde pequeños a una organización que los protege. A cambio, ellos no actúan de forma independiente. Cada vez que algún político dentro de alguna coalición levanta la mano y opina en contrario, lo mandan al Tribunal Constitucional. Pero el chileno no quiere eso; quiere surgir por sus propios medios.

En ninguna parte del proyecto se menciona el trabajo bien hecho, el esfuerzo. Da la sensación que los políticos están tratando de politizar al resto de la ciudadanía, a la fuerza.

 

–¿Cree que el ministro Valdés equilibra adecuadamente los aspectos técnicos y políticos?

–Es un hombre técnicamente muy potente y muy ponderado. Lo importante es que el PC y la izquierda dura lo dejen trabajar. Si él se relaciona con la centro-izquierda y con los otros partidos, llegará a la misma conclusión que estoy planteando. Pero si no lo dejan operar, apuntando a un mundo como era la Unión Soviética, lo que es China o Norcorea, entonces, no tendrá mucho que hacer. Sería una lástima que por la politiquería se pierda la oportunidad de tener una persona que contribuya de verdad a que el país vaya por la senda correcta.

 

–¿Qué aspectos de la reforma considera relevantes?

–Hay un elemento súper importante: los paros sin reemplazo, como los que están teniendo hoy día en Aduana y las empresas de transporte de valores. Entonces, cuando la reforma laboral propone hacer obligatorio, replicar, lo que está pasando hoy, en que la ciudadanía se está viendo afectada, lleva a concluir que este no es un proyecto que esté pensando en las personas ni en el bien del país. Cuando se da a un grupo determinado un poder tan absoluto como el que se pretende entregar en la reforma laboral, se está afectando a todo el resto que no tiene opción de participar.

 

–¿Afecta que los “servicios mínimos” tengan que ser dispuestos por parte del sindicato?

–El discurso aquí es que “yo tengo que tener la suficiente fuerza para obligar al otro para que me dé todo lo que yo le pida”. Los países que trabajan son los que buscan la cooperación, el entendimiento y el diálogo entre su gente. Este proyecto apunta a todo lo contrario.