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Reforma Laboral y sus indicaciones
Si alguien pensaba que con las indicaciones al Proyecto de Reforma Laboral, que haría el Gobierno, se corregiría éste en algo para evitar el gran daño que le va a causar al país y a sus trabajadores en especial, al quitarles derechos esenciales que consagra nuestra Constitución, con la excusa de protegerlos, se equivocó. Las indicaciones, no solo no lo corrigen, sino que todo lo contrario, profundizan los errores e insisten en su objetivo final. Esto es otorgarles a las Cúpulas Sindicales, un poder absoluto que no se han podido ganar con un sindicalismo moderno y propositivo. Esto, no puede extrañarnos en lo más mínimo. Cuando un Proyecto de Reforma Laboral, se basa en la vieja consigna Comunista, de empleadores explotadores, versus trabajadores explotados, donde la “única” forma que tendrían estos últimos para hacer frente a esta situación, es ponerse bajo el amparo de estas Cúpulas sindicales que conseguirán por la vía de la fuerza lo que les corresponde, claramente no se está pensando en el bien del país. Esto, no es lo que queremos los chilenos. Tanto es así, que el Proyecto liderado por los sectores más de izquierda de la Nueva Mayoría y secundados en forma lamentable por partidos que si se dicen demócratas, desde un primer momento pasó absolutamente por alto las opiniones de los propios trabajadores. Estos, al igual que el resto del mundo, salvo los países gobernados por el Partido Comunista, rechazan absolutamente la consigan de la lucha permanente al interior de las empresas, tal como lo demuestran las innumerables encuestas, incluida la ENCLA, que realiza la Dirección del Trabajo, quienes señalan con toda claridad, que al interior de sus empresas no se vive este ambiente de persecución y explotación con que la izquierda insiste en tratar de convencernos a todos. Es más, en otras encuestas, lo propios trabajadores declaran enfáticamente que el camino hacia el progreso es la capacitación, la iniciativa, el esfuerzo personal y el trabajo bien hecho. En ninguna parte se menciona, la huelga o la paralización absoluta de sus empresas, para alcanzar los objetivos anteriores. Lamentablemente, el Proyecto en ninguna parte menciona la capacitación, el esfuerzo personal y el trabajo bien hecho como objetivos a alcanzar.
Lo que a muchos les cuesta entender es, ¿cómo en el 2015 se pretende instalar en el Chile de hoy, abierto al mundo, competitivo, con gente empoderada que busca calidad, buenos precios y buen servicio, un modelo de Relaciones Laborales como el que había en Chile en los años 60 y comienzos de los 70, con una economía cerrada, donde había unos señores sentados en oficinas que asignaban precios a los distintos productos que los chilenos podíamos adquirir y que, si en una empresa se declaraba la huelga, había que conversar con estos señores para que simplemente aumentaran los precios de los productos de dicha empresa, traspasándoles este mayor costo a los consumidores que no tenían opción, así la empresa en cuestión podía acceder a lo que pedían sus trabajadores, o en una economía donde había que inscribirse con muchos meses de anticipación para tener la esperanza de poder comprar un televisor marca ANTU
Otra prueba, que a los autores de este proyecto no les importa lo que opine la gente, es el hecho que insisten que el Sindicato sea el único que pueda Negociar Colectivamente a pesar que en encuestas recientes, los trabajadores han rechazado categóricamente esta situación.
En definitiva, este no es un Proyecto pensando en los trabajadores chilenos, solo en las cúpulas sindicales
Huberto Berg
Director
Berg Consultores




